Bailando al ritmo de la banda.

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Amazonas es una región rica en tradiciones religiosas, donde cada pueblo tiene su patrón o virgen, tiene un shunto de aniversarios y es tierra fértil para los banderos(músicos), quienes nos hacen disfrutar en cada una de estas fiestas y los turistas que llegan en estas fechas tienen el privilegio de gozar de estas celebraciones.

En algún lugar cerca al corazón de Chachapoyas, empieza a escucharse al unísono: “Con zapatero quieres casarte, con zapatero no puede ser, si el zapatero sabe tener, clava que clava a su mujer…”, esta canción muy conocida por todos recorre las calles, parques, sube por las casas y vuelve a bajar.

Los platillos suenan y la concurrencia se prepara para dar inicio al espectáculo; disimuladamente se mueven los pies, como si los genes hubieran esperado este momento; solo bastan las primeras notas de las trompetas para sacar a la pareja y empezar a disfrutar de la fiesta.

Se escucha el grito de batalla: “¡A divertirse hasta las últimas, ah!”. Otro dice muy alegre, “Ahora sí, a romper el piso…”

Es casi medianoche de un miércoles de enero, la ciudad descansa y la luna arriba, ilumina y aquí la fiesta está en su punto.

La banda pasa de la cumbia al huayno, de la música de la selva a la marinera y ahora han vuelto a la cumbia.

Un joven le dice a su novia, “Está súper bacán, ¿dí?”, mientras que más allasito una chica le dice a su amigo: “Oye, pero estás de luto, por qué bailas”, nada puede detener a un «paisalover» de esta fiesta; «a mi papá le encantaba la música de banda y puedo asegurar de que estaría feliz de lo que estoy haciendo», contesta.

En fin, todos se divierten y nuevamente los músicos cumplen con su misión de hacer bailar a todos los presentes, mientras el pica-pica explota regalándonos sus miles de colores.