¡Chocolate ha caído!

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¡Chocolate ha caído! – gritaron exasperados los patriotas. El cañón que había enviado sendos golpes de libertad yacía en el suelo junto a valerosos hombres. En ese preciso instante, José Portocarrero gritó: ¡Cúbranme! y se dirigió a levantarlo sobre sus hombros para seguir en la batalla de aquel 6 de junio de 1821 sobre las pampas de Higos Urco que significó el inicio de nuestra ansiada independencia.

Según el parte oficial de los realistas: «Los patriotas superaban los cuatro mil hombres, armados con fusiles y toda clase de armas» Sin embargo, solo 50 hombres de la vanguardia Pacificadora de San Martín partieron de Trujillo al mando del Coronel Valdiviezo. Muchos hombres de distintas comunidades se sumaron a la causa libertaria para lograr la hazaña que hoy – casi 200 años después- enarbolan con orgullo los descendientes de aquella gesta heroica y patriótica.

Aquel 6 de junio, un pueblo sin preparación militar decidió entregar la vida para librarse del yugo español. La sangre guerrera de los chachas que ni los incas pudieron dominar, se enfrentaron a 600 realistas veteranos y muy bien entrenados.

¿Pero quién dirigió a todo el pueblo?

Una semana después de la batalla, el Coronel Valdiviezo en su informe militar dedica cuatro líneas a la mujer chachapoyana, y dos siglos después, el pueblo lleva en su memoria un nombre que se erigió entre la polvareda del fuego y los cañones: Matiaza Rimachi.

Debemos tener en cuenta que la mujer indígena tuvo un rol preponderante en la historia por la independencia, pero sin embargo las han relegado a una función subalterna por el estado patriarcal de la época. Matiaza Rimachi luchó contra ello, y hoy representa el coraje y valor de la mujer chachapoyana.

El gran triunfo de Higos Urco significó la gran derrota de los realistas del Norte, que por entonces pertenecía a la Intendencia de Trujillo gobernado por Torre Tagle. En propias palabras de San Martín, de no haberlo conseguido habría tenido que salir indefectiblemente del Perú para rearmar a todo su ejército pues el norte era un bastión que tenía que lograrse a toda costa.

Según la Ley Nº 24982, la batalla de Higos Urco debe considerarse sustancialmente en todos los textos de historia de Perú, y rumbo al bicentenario es un deber insigne y patriótico cumplir esta ordenanza.

Fuente: Victor Camacho