Comuneros reconstruyen La Jalca | COLUMNA

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Comuneros reconstruyen La Jalca COLUMNA

Cuenta la leyenda que una joven del pueblo de La Jalca, en Amazonas, fue raptada por un oso. De esa unión nació Juan, el Osito. De acuerdo con los vecinos del lugar, él construyó la torre que por siglos dominó el paisaje de este lugar. Como prueba, mostraban una piedra con alto relieve en la que estaba representado.

El sismo del 28 de noviembre derrumbó esta torre centenaria. Sin embargo, los vecinos de La Jalca Grande no dan por perdido el símbolo de su identidad y trabajan en recuperar esta construcción colonial.

El arqueólogo Daniel Castillo explicó al Diario Oficial El Peruano que la torre fue construida en los inicios de la Colonia, usando piedras de edificaciones prehispánicas y otras más. Se mezclaron los estilos arquitectónicos europeos con las técnicas de los lugareños.

Desde el día del desplome, los vecinos de La Jalca Grande se han organizado para recuperar la torre. Dirigidos por el párroco Franklin Hoyos Tapia, los comuneros han recolectado las piedras, colocándolas a buen recaudo. Además, recibieron el apoyo de miembros del programa Trabaja Perú.

Entre los escombros se encontró la piedra con alto relieve donde está Juan, el Osito. “No se sabe si ese altorrelieve es prehispánico o de la época de la construcción”, indicó el religioso.

Las tareas que se han impuesto en la comunidad después del sismo es no perder la personalidad del lugar. Por ello, en la parroquia de Chachapoyas están recibiendo donaciones de tejas andinas y tradicionales. Se conocen como andinas en esta zona a las que son más largas y se encuentran en prácticamente toda la sierra del Perú. Las tradicionales son artesanales y típicas del lugar.

El párroco Hoyos Tapia indicó que muchas casas se han visto afectadas en los techos. A sugerencia de los profesionales Elizabeth Terán y Jorge Saldaña, se impulsa el uso de estos materiales en estos momentos, antes que se desvirtúe la arquitectura de La Jalca Grande con otros tipos de construcciones.

Mencionó que se coordina con la Dirección Desconcentrada de Cultura de Amazonas para reparar la torre. “La vida del pueblo giraba alrededor de ella. Su campana anunciaba la llegada de autoridades, las fiestas, los fallecimientos. Cada evento tenía su sonido singular que los vecinos reconocían”, recuerda con nostalgia el párroco.

Por: Ernesto Carlín Gereda

Fuente: El Peruano