“En Chachapoyas algunos sienten la lluvia y otros simplemente se mojan”

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Hablar de lluvia en Chachapoyas no es broma, simplemente estamos volviendo a vivir luego de unos años, lluvias intensas y constantes a la que denominamos lluvias de verano. De niño quedaba admirado por el granizo que caía en las casas y lo bulliciosa con que golpeaban las calaminas y eternit de las casas de aquel entonces, hasta los recogía para hacerme una raspadilla casera.

Hago esta recopilación ya que en los 90’s en nuestra ciudad no se veía muchas casas como hoy, no había pistas como los hay en la actualidad y sobre todo, sin ir lejos no había tantos derrumbes o caídas de tierra de los cerros en todo el trayecto de los accesos a nuestra ciudad. Cuando llueve en nuestra Chachapoyas, llueve intensamente, lo que nos quiere decir es, que aún podemos sobrepasar la barrera de la intensidad de lluvias que, a pesar del desorden arquitectónico, pistas mal hechas, no se pensó mucho en su construcción adecuada de alcantarillado. Sumado a eso, la desidia de las personas (me incluyo), que no tenemos cultura de limpieza de calles, cunetas y recojo de basura, que con el tiempo también suman al deterioro de calles y alcantarillas rebalsadas, debemos entender que la naturaleza nos está mandando un mensaje.

Si una lluvia torrencial de 40 minutos y sin parar, alarma a los habitantes, imagínense una lluvia de una hora a mas, seguro que colapsamos; y aunque seamos una ciudad accidentada, las aguas al buscar su cauce irán totalmente recargadas a las quebradas, y si damos un vistazo a nuestra ciudad en los últimos 25 años, pues tenemos una ciudad agrandada poblacionalmente, construcción de casas al borde y encima de quebradas, desniveles de las calles quedando casas en algunos casos todo un primer piso bajo suelo que pasaron a convertirse en sótanos. Las calles que se mejoran, en su totalidad no cuentan con una adecuada canalización y escurridero de aguas y más lamentable aún es para las calles recién inauguradas que si bien mejoran el andar de vehículos y peatones, estamos creando corrientes de agua más ofensivas.

Con la experiencia en proyectos de inversión, explicaré de lo más sencillo al respecto: las intensidades de las lluvias y que lamentablemente se obvian en los proyectos, es que se mide de acuerdo a la cantidad de lluvia que cae; esta precipitación se mide en milímetros, es decir, la altura de agua que cae se recoge en una superficie plana y es medida en milímetros. Un milímetro de agua de lluvia equivale a 1 litro de agua por metro cuadrado. Para hacernos una idea: 17 litros de agua que cae por metro cuadrado, es la misma proporción que recibe una ciudad como la nuestra, entre dos a tres años aproximadamente que varía de acuerdo al número poblacional. Esto nos indica que, las lluvias torrenciales son las más peligrosas y son lluvias que pueden causar estragos como: inundaciones, deslaves y otros daños materiales que desgraciadamente muchas veces es irreversible.

Ya lo comenté y vuelvo a insistir. Las lluvias tienen consecuencias fatales y también sé que invertir en este tipo de problemáticas no es de interés gubernamental y mucho menos político toda vez que preferimos ser héroes del momento en aportar con carpas y alimentos para vender imagen de buena autoridad y así será todos los años, porque todos los años se vive temporadas de lluvia. Mientras tanto nosotros como ciudadanos a seguir las reglas simples: cada dos meses en cualquier época del año, hacer limpieza de las acequias, no botar desperdicios en los estanques, lavaderos y desagües domiciliarios, pero sobre todo, las tierras que se sacan de modificaciones de las casas no se queden en las calles esperando que las lluvias hagan el trabajo de botarlo por nosotros, ya que a la larga, estamos llamando a un desastre natural irreversible.

Después de tantas lluvias recibidas, amerita rescatar la frase comentada por muchos: “Dios es Chachapoyano”. Pero no abusemos.


Un aprendiz de 80 años.

Fuente: Percy Zuta Castillo

Publicado: 24-04-2018