“Hatun Llaqta” | Memorias del primer Raymillaqta

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Uno, dos, tres; uno, dos, tres; se escuchaba decir a una fuerte voz en el salón, mientras que el tambor acompañaba con su conocido “pum, pum, pum…”, las shacapas sonaban “shac, shac, shac…” y un grupo de jóvenes se movían tronco, tronco, tratándo de igualarse en los pasos y bailar coordinadamente; era una tarea difícil para Don Javicho quien estaba a cargo de seleccionar al grupo de chicos que nos representarían en un evento costumbrista de nuestra querida Chachapoyas.

Don Javier La Torre conocido de cariño como “Don Javicho”, era un maestro del pueblo de Quizango en la provincia de Luya, quien había llegado a nuestro barrio Santo Toribio de Mogrovejo cargado de conocimiento, acompañado con su antara y su tambor nos enseñaba los pasos para recrear una danza que más tarde se denominaría “Hatun Llaqta”, la cual pasó a formar parte de nuestra danza oficial del barrio y el nombre del grupo de jóvenes, quienes pasaríamos a ser los chicos cotizados de esta parte de la ciudad, yasque, más prosa ¿dí?…

Cada día más jóvenes del barrio se unían al grupo y se iba armando la coreografía de esta bonita representación artística; por su parte las señoras del Club de Madres tejían nuestros trajes para participar en el evento y los representantes del ITINCI (Hoy DIRCETUR) llegaban continuamente a ver nuestro avance, pues ellos venían organizando el evento costumbrista que más tarde se posicionó como el más grande de la parte norte de nuestro Perú.

Luego de varias semanas de trabajo estábamos listos, el grupo fue seleccionado y nos entregaron la vestimenta oficial que constaba de un pantalón negro de lana, camisa blanca manga larga, chaleco de lana color rojo con detalles, una corona de carrizo con cintas de colores, las shacapas y los llanques; fue un día espectacular donde cada uno se comprometió con nuestra tierra, nuestras costumbres y nuestra identidad.

El día esperado llegó, era el mes de junio de 1997 y Don Javicho se encontraba parado frente al local comunal con antara y tambor en mano; nosotros los danzantes empezamos a llegar, por un momento todo fue confusión porque un mar de gente llegaba a Santo Toribio de Mogrovejo, punto de encuentro de las delegaciones de todas partes de la región Amazonas, quienes arribaban en camiones, camionetas, combis y hasta caminando; los rostros de felicidad eran evidentes.

¿FELICIDAD? si amigos y amigas felicidad, esa felicidad que siento cuando escribo este relato recordando aquellos momentos del cual formamos parte, donde no alcanzaron las horas del día para mostrar la diversidad de nuestras costumbres, de nuestra cultura y que muchas veces nuestras autoridades de turno lo dan importancia cuando hay fechas especiales, pero de apoyo no hay casi nada.

Luego del desayuno, decenas de delegaciones iniciaron el recorrido que duró varias horas, por nuestra parte íbamos bien formaditos mostrando nuestro talento al ritmo de la música, al llegar a la plaza mayor de Chachapoyas el esfuerzo se duplicó y empezamos a danzar con más fuerza, nuestras shacapas hacían su chamba y nuestra vestimenta colorida marcaba la diferencia, miles de ojos estaban atentos a cada movimiento que realizábamos y nosotros llenos de euforia disfrutábamos nuestro momento, porque sencillamente éramos las estrellas danzantes de Mogrovejo.

Hoy luego de varios años puedo decir que me siento orgulloso porque fuimos el primer grupo de danzantes con música, pasos y vestimenta creados en nuestro barrio; y que formamos parte del “Primer Raymillaqta de los Chachapoya”.

Desde aquel día el barrio nunca volvió a ser el mismo; porque el grupo de danza Hatun Llaqta fue invitado para participar en el Raymipampa en el distrito de Leymebamba, también a las fiestas patronales de la provincia de Bagua, también se danzó luego de varios años en el día central en Honor a la Mama Asunta, y a un sin número de presentaciones dejando siempre lo mejor de cada uno de nosotros, por cosas del destino nos fuimos separando y con el pasar del tiempo se han vuelto recuerdos que jamás se borrarán de nuestra mente.

Desde jóvenes aprendimos que muchas veces, detrás de las buenas intenciones se esconden oscuros intereses, pero como siempre se debe sacar lo bueno de todo lo malo, me quedo con la experiencia y la satisfacción de haber zapateado al ritmo de un tambor y acompañado de entrañables amigos, uno más pishpiro que el otro, porque pudimos haber salido del barrio, pero el barrio jamás sale de uno.

JH Tinoco

09-10-2021