Los pichones aveces vuelan antes de tiempo; unos niños partieron de casa

1082
Los pichones aveces vuelan antes de tiempo; unos niños partieron de casa

«El ser humano desde niño es intrépido, audaz, aventurero, viajero intrínseco, precoz, mucho más si siente que la vida es injusta a temprana edad.

Fueron años de vivir en un pueblo apacible, tranquilo, adormecido, dos décadas antes del nuevo milenio, los viejos hacían remembranzas a flor de piel de los años mozos y los cambios paulatinos de una centuria que trajo de todo, sin presagiar que pronto los giros de vida, las costumbres cambiarían, la tecnología y todo sería vertiginoso.

Tiempos entrelazados de contrastes, de mucho respeto, el saludo lo evidenciaba, las gentes amables, cuatro barrios destacaban, si faltabas a clases los efectivos que hacían rondas te detenían y llevaban a la Comisaría, para luego llamar a tus padres. La policía era así: Benemérita Guardia Civil, Guardia Republicana y Policía de Investigaciones del Perú (PIP).

En escuelas y colegios estaba instaurado Educación Cívica, pre-militar, los desfiles con gallardía, marcialidad y porte, concursos de escoltas, bandas, fiestas patrias, efemérides y mucha peruanidad.

Las huelgas eran cosa seria, eran organizadas por el SUTEP, conocimos el gas lacrimógeno a la mala, los profesores y otras instituciones marchaban multitudinariamente. Una hazaña.

Los niños de entonces jugábamos muchos trabajando pero sin darnos cuenta que lo hacíamos, fue un entrenamiento para la vida.

Recuerdo correr desde mi casita al pie de un taller inolvidable de carpintería del CTAR, pues de las tablitas descartadas armábamos nuestros juguetes, salía por el tanque de agua a la altura del pozo de Yana Yacu, para llegar a la carretera y seguir hasta un abierto, lo que hoy es el mirador alto de Luya Urco, me extasiaba mirando hacia el este casi toda la ciudad, al fondo imponente la meseta Malcamal, mis lumbreras no se si tenían visión 20/20, pero juro que jamás me cansaría de mirar y amar mi Chachapoyas que me vio nacer. Luego bajaba y me dejaba engullir por las cuadras y jirones, obligado saltar los cercos en la plaza mayor.

Si te detenías en ella a observar te encontrabas con una suerte de rotonda al derredor de una pileta inolvidable. Mirar en detalle todo, recuerdo esto; El palacio municipal, entonces CPCH, con letras blancas en los cascos de los trabajadores de baja policía, hoy (Concejo Provincial de Chachapoyas), el Ideal, Mini Café, la tienda de artefactos domésticos de don Eloy Cieza, el gordito Napo en la esquina, el Obispado, la Botica El Inca, en la segunda planta Llubiley, los periódicos de don Máximo Gutierrez, don Calixto Aliaga, el cine central de don David Reyna padre, ETOSA, INC, escuelita las Palmeras, una casona linda hoy REVASH, la famacia Perpetuo Socorro, Bar Chacha, el OLANO, seguido el clásico hotel Amazonas, la Imprenta Villanueva, don Manuel Muñoz, la tiendita de doña Sarita Gomez de Chuquimbalqui mamita de Oscar Arturo Gomez Vergaray, la Sub-Región de Educación, el gallinero, así, llamábamos a la catedral por su forma semicircular con vitrales de colores pálidos, reconstruida después del terremoto de 1970, en la parte exterior, en su vértice un niñito de metal, que sostenía una pequeña plataforma, cual piletita, quien no metió su dedo en su “pupo” no tuvo infancia, luego una linda tienda de don Milenko Vojvodic.

Los canillitas, lustrabotas, hasta algunos marrajos pululaban haciendo de la glorieta una suerte de segunda casa, debo reconocer que una parte considerable de mi vida está ahí. Si levantabas la mirada al oeste en dirección a Luya Urco era puro cerro.

Porque no recordar un personaje que venía del valle del Guayabamba, alegre como un niño con dulces en la mano, ojos claros, crespos hilarantes, ataviado con sendos sacos de terno, pero con camisas extravagantes, pantalones distintos en colores beige, gris, zapatos a veces de vestir, otras tipo minero, una que otra mocasines, se podría decir que impuso una moda, deambulaba por las inmediaciones de los jirones del centro de la ciudad, su lugar favorito la zapla, (Plaza), su hora preferida; la salidas de los colegios, para corretear a las muchachas colegialas, era su diversión. De ahí se perdía un tiempo, para aparecer esporádicamente. Hace poco lo vi por Longar.¡Sí, me refiero al ANANA! La antítesis de este hombrecito gracioso estaba el Manshana NETO, un niño grande, amable y cariñoso, querendón sin par. Había otros personajes; La loquita Leonor que se desnudaba en la plaza para bañarse en la tina de la pileta, el Felino Pelao, la Panchita y su compañera carretilla, el mudo Karateca, entre otros.

Seguía mi marcha por la calle del Comercio, hoy peatonal Amazonas, Foto El Arte Cabañas de don Ubicho, doña Aidita Arellanos, Zapatería Carrión, ROJASA, SACHAMA, (Máximo Chávez Sánchez), el señor Carrascal y su ferretería, Comercial Douglas, don Julito Villacréz, Relojería Salazar, dulcería Silva, Villar y heladería, Bazar Jovita, los hermanos Chalos, casi al frente; el Futbolín, arribita la peluquería Túpac Amaru del Maestro Mio, la ODEC, la Casona de la familia Zubiate, el Coliseo, Villacorta, visitar a mi amigo Sandro La Torre Tenorio y su perro Dogo, luego la tienda de un profesor especial, papá de mi amigo Tito Reyna Chavez quien creó BBBCPP, (Bueno Bonito y Barato Como Para Pobres), saludar a los Canta, a mis amigos Vela.

Burgos; encontrar amigos como Mateo Pereyra Villanueva, su hermano Percy, al Huayruro Mas. Jugar corriendo, subiendo y bajando por los arcos parabólicos, cansadito a buscar guarapito fresco en Cuarto Centenario donde estaba el mercadillo de los domingos, hallabas; los motes, los picarones, dulce de chiclayo, higos, durazno, etc…la chicha, animales vivos, aves, verduras varias, tubérculos, granos, quesos, leche, en fin de todo un poquito.

Y sí, claro eran tiempos de apagones, pues el alumbrado eléctrico lo generaba una planta térmica a la salida por la Villa de París, y los motores fallaban, a veces el combustible escaseaba. Compartíamos un miedo general a Limón Punta y una carretera de malos recuerdos, por los muchos muertos en accidentes, los temblores seguidos. Había veces que un Dassault Mirage 2000 pilotado por Milenko Vojvodic hijo, nos ponía los pelos de punta, sobrevolando el cielo chachapoyano haciendo piruetas, cual homenaje digno por haber nacido aquí. En el Perú solo habían 12 de aquellos aviones contaban los mayores.

Es como mi mente recuerda tanta vida, seguro olvido muchas cosas y detalles, pero hay una historia que no podría. Dentro de mis amigos de infancia había un grupito que realmente la pasaba mal en sus casas, eran distintos a muchos, tenían una rebeldía que comprendía a medias, cada vez que nos juntábamos a jugar en la canchita del parque de Belén, en el Colorado, las pampas de Higos Urco, el Franco, Manchibamba, el Corralón, en la piscina de la Villa que administraban mis yuntas Juan Carlos Flores García y su hermano Pepe.

Ellos hablaban de escaparse, planeaban, al comienzo lo tomé como un niño obviamente, luego ellos se fueron a un lugar que no quisieron decirnos. Lo olvidamos, hasta que una noche fueron a pedir posada en una casa, era el grupito del que menciono, faltaban dos, pues se desanimaron a último momento, pernoctaron hasta el amanecer, antes de llegar el día se marcharon, por la Guitarrita, (lagunita de agua en forma de guitarra a la altura de la peña blanca que va al aeropuerto viejo), luego bajaron por Cáclic, tirando dedo se fueron a Pedro Ruiz, por la Marginal de la Selva se marcharon a Moyobamba, Tarapoto, de ahí se dispersaron, algunos se fueron a Lima, otros se quedaron.

Perdí el rastro casi a todos, excepto a dos con quienes éramos bien unidos, uno regresó casi quince años después, otro nunca lo hizo de niño, recién de adulto retornó, cuajado, curtido por la vida, más que los azotes que recibió de pequeño.

Me reuní con ambos en sendas charlas indistintas en tiempo y espacio, desahogaron sus penas, mientras detallaban las penurias que vivieron. Entendí que mi vida era maravillosa en ese entonces, aunque debo recalcar que los que quedamos fuimos marcados, pensamos en ellos, siempre los recordábamos. Nunca fue igual.

Estas historias fluyen de mi ser en madrugadas cuando no puedo dormir, saco la vuelta al insomnio escribiendo mis recuerdos. Chachita Amada mía, seguro guardas tantos dramas, cuenta conmigo para ser el enlace que haga brotar otras tantas historias dignas de compartir y ser leídas.

Dedicado a mi amigo V.V.G. prometí escribir parte de nuestra infancia y parte de tu aventura.

Para J.R.