No se si usted ha pensado en: “Volver ha ser humanos”

Un pequeño adelanto de lo que me puse como tarea en estos días de “aislamiento” es no renegar mucho como siempre lo hago, aunque con justificada razón. Por el contrario creo que es el momento justo para hacer llegar palabras, de paz, de tranquilidad, de optimismo ante la adversidad.

Hoy inicio esta secuencia de mensajes a lo que denominaré como:

“AISLARSE DEL MUNDO PARA ACERCARSE A LA HUMANIDAD”

“VOLVER A LO NUESTRO”

A nuestros campos, a nuestras raíces, ahí a donde provenimos. A aquellos lugares, momentos y personas con las que éramos felices, sin tanta tecnología, sin falsas comodidades, a donde realmente éramos libres.

Hoy escucho hablar del campesino, de aquellos hombres y mujeres que en la humildad de su hogar desarrollan la labor más importante y limpia que un ser humano puede realizar como es la agricultura.

Cuánto nos hemos olvidado de nuestros hermanos, hasta el punto de marginarlos ignorando que ellos son la base fundamental para la supervivencia de cualquier sociedad en el mundo. Ojalá esta sea la ocasión entonces para que nuestros ojos y nuestros corazones dirijan su mirada nuevamente hacia estos seres humanos maravillosos y puros de corazón.

Creo que todos los que de algún modo conocen mi sentir por la gente del campo saben de mi idolatría hacia ellos pues me encanta verlos trabajar y producir limpia, digna y honestamente los productos que todos necesitamos y que de alguna manera siempre llegan a nuestra mesa para saciar nuestro hambre.

Me gusta verlos arar sus campos, el sembrar el maíz, la papa, las alverjas, el trigo. Disfruto de su alegría al momento de la cosecha cuando con tanta algarabía y júbilo recogen los frutos de su trabajo, de su sufrimiento, en fin, de su vida.

Como no gozar al observar a las benditas mujeres del campo recorrer largas caminatas cogiendo la puchcana, el copo de lana y el uso que gira rítmicamente al compás de sus pasos presurosos cuando va llevando el ucho calientito para los peones en la chacra.

Y los niños, que felices entre gritos de algarabía acompañan y ayudan a sus padres convirtiéndose en los herederos de una tradición que jamás pasará de moda pues podrán crearse las máquinas más sofisticadas en el mundo pero esas mismas jamás saciarán nuestro hambre. Por el contrario y como vemos lamentablemente en la actualidad muchos de estos grandes inventos tecnológicos tan solo contribuyen al distanciamiento y destrucción de las personas y seres vivos de nuestro planeta.

Hoy les hago llegar mis palabras de aliento a quienes encerrados entre cuatro paredes añoran sus años mozos de libertad plena, y no lo hago para hacerles sentir mal, de ninguna manera, por el contrario para que estemos cada vez más orgullosos de lo que somos y de donde provenimos, es decir, del campo.

Redireccionemos nuestra mirada entonces a nuestros pueblitos bellos de la zona rural y porqué no, con la idea de volver y contribuir a que la vida limpia retome su lugar en nuestro corazón.

A mí, podrán decirme trillones de veces que los tiempos cambian y que ya nada volverá a ser como antes. Eso, queridos amigos depende tan solo de nosotros pues nadie nos puede imponer autoritariamente algo con lo que no estamos de acuerdo so pretexto de una modernidad engañoza y destructiva fruto de la cual vivimos tantas desgracias como la actual.

Revivamos entonces lo bello de nuestra niñez, aún lo podemos hacer pues quizás esta sea la última oportunidad que tengamos.

Saludos y un gran abrazo a todos ustedes, en especial a mi gente maravillosa del campo y por su puesto a mis hermanos de Quillillic, Tueta, Cocha, en general del distrito más hermoso que conozco y en el cual tengo el honor de vivir por casi una década como lo es Colcamar. Gracias por ello.

Profesor Lino Sonders Rojas Mori.

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